rasgos del estilo Shabby Chic
Las fórmulas de los distintos estilos en el terreno de la decoración de interiores están cada vez más interconectadas y cambiantes. Los planteamientos se mezclan, se deconstruyen o se transforman a medida que se retroalimentan entre ellos. Sin embargo, también existen algunas corrientes fácilmente reconocibles, con una personalidad propia y, en ocasiones, adherida incluso a un modo de vida determinado. Hoy conviene analizar uno de ellos: El estilo Shabby Chic.

Las primeras coordenadas visuales que hacen parecer a una estancia acorde con el estilo Shabby Chic son los aspectos de desgaste preciosista de sus muebles y accesorios. El abc del nuevo modernismo que se instauró a mediados de la década pasada. El rostro del encanto del paso del tiempo inundando tu hogar. A partir de ahí, evidentemente hay otros rasgos significativos, pero ese es el principal.

Pongámonos románticos

Ya sea por las influencias temporales (el Shabby Chic bebe directamente de la época victoriana), por sus colores y texturas dulces y blandos con la perpetua preferencia por las flores o por su combinación inestimable con la iluminación natural, se trata de una de las tendencias más románticas que puedan identificarse.

Respetemos lo clásico

Si hablamos de un estilo de procedencia británica, de la Gran Bretaña profunda para ser concretos, el mantenimiento y culto a su propio clasicismo está claro que va a permanecer vigente. Accesorios recargados de detalles como, por ejemplo, los espejos son muy representativos de esta estética.

Grandes éxitos que vuelven             

En lo que se refiere a decoración, existen auténticos greatest hits. Mobiliario o complementos que antes tenían una utilidad y que ya cayeron en desuso. Ahora se muestran dentro de este planteamiento como vestigios de una época llena de encanto y cariño.

Todo ello, complementado con una mezcla variable (a veces) de elementos. Igual podrás encontrar aparadores rectos con sillones de época. Por todas estas razones, el estilo shabby chic se mantiene como referente y, aunque pasen las décadas, siempre acaba sobreviviendo como si de una muñeca de porcelana del S. XIX se tratase.